Luego de una corta caminata a través del pequeño sendero que atraviesa la montaña el corazón acelera su ritmo con confusión, no sabe si la emoción es por lo físico del trayecto o más bien por la belleza que nos rodea una vez allí.
El Salto de Baiguate de Jarabacoa, con su aire fresco de montaña aromatizado por los pinos, con la cortesía del caballero recibe con refrescante saludo al visitante.
Me divierto al ver como unos niños saltan caprichosamente entre las enormes piedras pulidas por el correr de las aguas a través del tiempo, piedras que decoran naturalmente el entorno y ahora sirven de parque ecológico infantil, claro está hasta que alguno se caiga.
El rocío de su caída me baña la cara, respiro profundo y descanso.
Mi espíritu queda reconfortado y el sentido de pertenencia, de amor por esta tierra, abona una tarea más de la finca de rincones de este país en mi corazón.


Aún no hay comentarios.